El drama de los medicamentos en Venezuela

Por Dr. Daniel Cassola

En el año 2013 Venezuela se convirtió en el principal importador de medicamentos de América Latina, al registrar compras por 3700 millones de dólares. Pero en 2014 el precio del petróleo, la única exportación relevante del país caribeño, comenzó a desplomarse, por lo que el gobierno se fue quedando paulatinamente sin divisas. Entre 2013 y 2015 la importación de medicamentos bajó en un 40 por ciento. En 2016, siempre tomando como referencia 2013, la baja llegó al 80 por ciento.

La industria venezolana, en particular la de medicamentos pero en general todo el sector, también requiere de divisas porque para producir necesita insumos que son importados. Prácticamente nada se produce en Venezuela. Pasando en limpio, hoy Venezuela tiene 2 de cada 10 medicamentos que tenía en 2013. Y no se trata de un consumo suntuoso, uno por ejemplo puede vivir con un par de zapatos en vez de tres, pero el mismo razonamiento no se puede aplicar en el sector de la salud.

Las alternativas de los pacientes que ven discontinuados sus tratamientos son pocas. Una de ellas es acudir a las donaciones internacionales. Hay varias ONG que están intentando paliar la crisis sanitaria, pero el gobierno es el principal obstáculo. En primer lugar se impide el ingreso de ayuda humanitaria porque eso implicaría reconocer la crisis, algo que no pasa por la cabeza del presidente Nicolás Maduro y sus seguidores.

Una de las organizaciones que intenta distribuir y recolectar medicamentos es la ONG Una Medicina para Venezuela. La organización envía las medicinas por medio de compañías locales que deben sortear obstáculos en cuyo extremo se encuentra el Seniat, la autoridad aduanera venezolana, dirigida por el hermano de Diosdado Cabello, el número dos del régimen.

Caracas prohíbe el transporte privado de medicinas y alimentos, a lo que se suma la corrupción en las aduanas, según explican en una entrevista los venezolanos Vanessa Pineda, presidenta de la ONG, y el cantante Carlos Baute, miembro de la organización. Una vez superadas las numerosas barreras, la red de ayuda debe cuidarse de llamar la atención con grandes almacenamientos so pena de ser acusados de acaparar las medicinas o de contrabando.

La ONG venezolana Codevida se encarga de la distribución sobre el terreno por medio de una droguería telefónica. “La farmacia pasó de recibir 300 llamadas al mes en 2016 a 5000 este año”, afirman Pineda y Baute. Codevida reúne información sobre las medicinas más demandadas, entre las que se encuentran las necesarias para operaciones de trasplante de órganos, analgésicos para terminales, medicamentos para la esclerosis múltiple, la hepatitis.

Según una encuesta realizada por la Sociedad Venezolana de Cardiología un 75 por ciento de los hospitales no tenía ni aspirinas, un fármaco indispensable para el tratamiento de enfermedades del corazón. “Se están atendiendo a pacientes con infartos como se hacía hace 40 años, época en que la incidencia de muertes por este motivo alcanzaba un 15 por ciento. Nuestra terapia se ha convertido en contemplativa”, asegura uno de los cardiólogos.

Las consecuencias del desastre sanitario se pueden intuir pero no se saben con precisión ya que el gobierno venezolano no difunde estadísticas desde 2013. Luego de la disolución del poder legislativo y la concentración de poder en la presidencia nada hace parecer que, al menos en lo inmediato, llegará un alivio para el pueblo venezolano.

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