El diez por ciento de los argentinos vive en contacto con agua con arsénico

 

Por Dr. Daniel Cassola

El arsénico es un elemento químico, un metal, que se genera en el subsuelo terrestre por la erosión y la desintegración de rocas y minerales. Allí puede contaminar tanto las napas subterráneas como las aguas superficiales. Luego a nuestro cuerpo puede ingresar mediante el agua que bebemos o los alimentos que comemos.

Se trata de un tema delicado ya que el consumo de arsénico produce una serie de enfermedades como hidroarsenicismo crónico regional endémico (HACRE), estrías blancas en las uñas y verrugas, daños irreversibles en órganos, problemas gastrointestinales, EPOC, diabetes, bronquitis crónica, neuropatía periférica, alteraciones de la memoria, entre otras.

Según una reciente investigación del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS), Argentina es uno de los 12 países en el mundo con mayor concentración de arsénico en el agua. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, hay 31 localidades con mayores niveles de arsénico en agua de los que aconseja la Organización Mundial de la Salud.

Del diez por ciento de la población argentina amenazada por el arsénico ya hay un 2,6 por ciento que padece la contaminación. Principalmente, son residentes del norte de La Pampa, el este de Tucumán, las mencionadas localidades bonaerenses, y también de Córdoba, Santiago del Estero, Chaco, Santa Fe y Salta.

Según los investigadores que desde hace años advierten contra este mal, el primer paso necesario para solucionarlo es la voluntad política. En primer lugar hay que renovar los estudios sobre las aguas de las distintas regiones. Y luego garantizar la provisión de agua segura. Incluso, sostienen, que hay métodos realmente económicos para poder separar el arsénico del agua. Mucho más económicos que el impacto que pueden tener las enfermedades en el sistema sanitario.

Hay que resaltar que a las patologías enumeradas hay que agregar que el consumo de arsénico favorece el riesgo de desarrollar cáncer (distintos tipos) y lesiones cutáneas. Como en todas las campañas de salud lo primero es la información. El arsénico no modifica ni el color ni el sabor del agua por lo que muchos podríamos estar ingiriendo agua contaminada sin saberlo.

Con prevención nos podemos ahorrar males que son realmente severos.

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