El contagio de Bolsonaro es síntoma de un país a merced del virus


El presidente de Brasil Jair Bolsonaro confirmó ante distintos medios de comunicación que su análisis dio positivo de Covid-19. El país acumula más de 1 millón 600 mil casos y 64 mil muertes. Los expertos, sin embargo, creen que estos números son mucho mayores.

Por Dr. Daniel Cassola

Quienes sean creyentes pueden considerar que Brasil, el país más grande y habitado de América del Sur, está a la buena de Dios. Ante una pandemia que llevó al colapso de los hospitales primero y los cementerios después, la respuesta del gobierno que comanda Jair Bolsonaro ha sido la negación pública de la gravedad de la enfermedad. Algunos gobernadores e intendentes tomaron medidas de aislamiento social ante la inacción de una presidencia que siempre llamó a los brasileños a continuar con sus actividades habituales.

Bolsonaro no respetó las medidas de prevención del contagio ni siquiera hoy, al anunciar que había dado positivo. Una vez consumado el anuncio dialogó con tres periodistas a bastante menos distancia que los dos metros que se recomiendan. Esta vez, al menos, utilizó una mascarilla para cubrir su nariz y su boca. Desde el comienzo de la expansión de la enfermedad el presidente de Brasil enfrentó en distintos momentos rumores de contagio y se testeó en numerosas oportunidades. Como si estuviera buscando a la enfermedad, Bolsonaro no dejó de participar de reuniones y actos masivos en los que estuvo en contacto con cuánta gente pudo.

Allá por marzo, Bolsonaro se refirió al Covid-19 como una ‘gripezinha’, y desde entonces Brasil jamás adoptó una estrategia coordinada para palear el contagio. Hubo estados que se aislaron, ciudades que decidieron cuarentenas más o menos estrictas, pero en líneas generales, desde entonces se vive un suerte de ‘sálvese quien pueda’ que se aplica tanto a la realidad sanitaria como económica del país. La opacidad de la información que se brinda en Brasil con respecto a la pandemia es tal que cada día hay distintos reportes. Está el oficial, brindado por el Ministerio de Salud, pero nadie parece creerlo del todo. Luego se encuentra el que elabora la ‘alianza de medios de comunicación’, que por ejemplo ayer sostuvo que se produjeron alrededor de mil contagios y 33 muertes más de las que se informaron oficialmente.

Dentro de Brasil, el estado de Sao Paulo, es el más afectado por el coronavirus y continúa acumulando contagios y víctimas mortales mientras clausura medidas de confinamiento. Oficialmente los paulistas suman 320.179 casos y 16.078 fallecidos. Durante la semana pasada, se registraron, durante varios días, cifras récord en relación al número de muertos, tanto es así que el gobierno local, conducido por Joao Doria, señaló que prevé que hacia mediados de julio haya entre 18.000 y 23.000 fallecidos. A pesar de este panorama, el intendente Bruno Covas firmó la flexibilización de la cuarentena, por lo que reabrirán bares, restaurantes y salones de belleza, aunque con un horario restringido y límites en su capacidad.

Mientras Brasil ve crecer los números de contagios y muertes, su economía, como en todo el mundo, se desploma. La pandemia es tan implacable tanto en sentido sanitario como económico: no perdona. Desde marzo Bolsonaro cambió dos veces al ministro de Salud. El actual es Eduardo Pazuello, un militar con grado de general sin ningún conocimiento específico sobre el área que le toca administrar. Las movidas políticas del presidente responden más a una necesidad de supervivencia para enfrentar los rumores de golpes de Estado que desde hace meses se prodigan, que a otro tipo de estrategia. La militarización de su gabinete es leída como un intento de contentar al ejército y evitar un derrocamiento.

En Brasil ya no hay certezas, solo creencias. Se aplica a los números de la pandemia y también al contagio del mismo presidente. Distintos medios de comunicación dudan, por estas horas, de la veracidad del test. A favor de ellos, el Gobierno de Brasil no publicó ningún papel oficial en el que se certifique el resultado positivo. Creen que puede ser una estrategia de Bolsonaro para mostrarse fuerte, y probar su consideración de ‘gripezinha’ al Covid-19. Si bien sería disparatado, en Brasil, en 2020, todo parece posible.

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