Cuarentena e ‘inmunidad de rebaño’: La OMS no debería aportar más elementos a la confusión general

En los últimos días distintos funcionarios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sostuvieron un debate público sobre las estrategias para enfrentar a la pandemia. Es esperable que el organismo trasnacional, en vez de aportar más dudas, genera algunas certezas sobre el camino a seguir.

Por Dr. Daniel Cassola

Dejar la comunicación de la estrategia frente a una pandemia inédita en manos de los medios de comunicación es una mala estrategia. Los medios lo que quieren es ser más leídos, vistos o escuchados, y está bien que así sea porque esa es su razón de ser. Si dos funcionarios de la OMS opinan distinto sobre un mismo punto deberían zanjar sus diferencias en privado. Al verter sus pensamientos en la esfera pública automáticamente construyen un debate que se monta frente a la opinión pública, por más que estén cada uno en una punta distinta del mundo.

David Nabarro es un médico de larga trayectoria en la ONU que colabora con la OMS desde que estalló la pandemia de coronavirus. El profesional, de nacionalidad inglesa, sostuvo que “en la Organización Mundial de la Salud no abogamos por las cuarentenas como el principal medio de control de este virus”, e instó a los distintos gobiernos del mundo a cesar con los encierros prolongados porque “hacen más pobres a los que ya son pobres”. Como existe una gran cantidad de políticos y comunicadores en todo el mundo que se definieron durante la pandemia como anti cuarentena, el mensaje de Nabarro cayó como una bomba que repercutió en todos lados.

El director de la OMS, Thedros Adhanom Ghebreyesus, salió luego a contradecirlo, pero el mensaje ya había copado los portales de noticias en todo el planeta. Según el funcionario, ante la nueva escalada de casos en Europa y América, “no queda otra opción que el confinamiento”. Además advirtió que «nunca en la historia de la salud pública se ha usado la inmunidad colectiva como estrategia para responder a una epidemia, y mucho menos a una pandemia, es científicamente y éticamente problemático». «Llegado cierto punto, no hay otra cosa que hacer que dar órdenes de quedarse en casa para ganar tiempo y usarlo para elaborar planes, preparar a los trabajadores sanitarios y mejorar los test», añadió.

Al no haber cura ni tratamiento, lo que queda es aplicar las medidas de prevención. Además de los cuidados como la higiene de manos, el uso de barbijo y la distancia social, sigue siendo un factor preventivo el reducir la movilidad, sobre todo en las grandes ciudades donde las aglomeraciones son inevitables. Levantar todas las restricciones, como señala el asesor Nabarro, implica lidiar con más contagios, y por lo tanto apostar a la ‘inmunidad de rebaño’. Ghebreyesus explicó: «Por ejemplo, la inmunidad de rebaño contra el sarampión requiere que cerca del 95 por ciento de la población haya sido vacunada. El cinco por ciento restante será protegido por el hecho de que el sarampión no se propaga entre quienes están vacunados. Para la polio, el umbral es de un 80 por ciento. La inmunidad de rebaño es lograda protegiendo a las personas de un virus, no exponiéndolas a él, esto nunca se ha utilizado como una estrategia para responder a un brote».

Los distintos ciudadanos del mundo, los distintos comunicadores y los políticos tienen todos el derecho de pensar y expresarse sobre la pandemia, la cuarentena o cualquier otro tema como crean más conveniente. Luego el público considerará si apoya a uno o a otro, a nadie o si directamente los ignora. Lo que no puede haber es un debate público entre funcionarios de un organismo que debería dar lineamientos generales a los países en este año caótico. Porque no solo generan más confusión sino que además socavan su propia credibilidad.

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