¿Cuándo alguien es viejo?

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La vitalidad no depende de la edad. Hay personas de 70, 80 o 90 que pueden ser más activas que quienes son considerados «jóvenes».

Por Dr. Daniel Cassola

Hay diferentes formas de llamar a quienes integran el conjunto que comúnmente se denomina tercera edad. Quizás el más apropiado sea el de adulto mayor. Palabras como “viejo” o “abuelo” pueden ser usadas e interpretadas de distintas maneras. Hay quien las puede tomar para bien y quien las puede tomar para mal.

Lo que tampoco es tan fácil de definir es cuándo comienza este momento de la vida. Las leyes dicen que las mujeres, por lo general, se pueden jubilar a los 60 años y los hombres a los 65 años. Pero es arbitrario pensar que alguien a los 64 años es una cosa y luego del siguiente cumpleaños es otra.

Objetivamente existe un envejecimiento biológico, que de todas maneras no se puede precisar por la edad porque hay otros factores involucrados. Quienes hayan mantenido un estilo de vida saludable seguramente tengan un cuerpo menos envejecido que quienes se hayan descuidado.

Pero por otra parte existe una suerte de envejecimiento cultural y social. Se produce cuando las personas de mayor edad comienzan a quedar aisladas del resto de la sociedad.

Una interpretación psicológica posible dice que los distintos miembros de la sociedad le temen a la tercera edad. Ven en los más adultos el espejo que les devuelve su imagen futura y se asustan. Por eso, a veces de manera consciente y otras de manera inconsciente, se aísla y se discrimina a los mayores.

La razón de tal comportamiento es una valoración negativa de la tercera edad, quizás ligada a una imagen de improductividad y dependencia que no tienen mucho fundamento. En verdad hay que empezar a pensar a la etapa en que somos adultos mayores como un privilegio. No todos llegan y no todos los que llegan lo hacen de buena manera.

En segundo lugar, la tercera edad es una etapa en la que cualquier individuo puede continuar desarrollándose en los distintos ámbitos de la vida de manera plena.

La valoración negativa de la tercera edad por gran parte de la sociedad ha llevado a que la depresión, como patología psiquiátrica crónica, sea un mal muy extendido entre los adultos mayores. No debería ser así.

Nadie debería caer en la tristeza y el desgano solo por el hecho de acumular años y experiencias. Mantener los intereses que tuvimos durante toda la vida y no perder la capacidad de disfrutar, son vitales para eludir los cuadros depresivos.

La tercera edad, en definitiva, es un momento de la vida que está determinado por cuestiones biológicas, culturales, sociales y políticas. Lamentablemente todavía hay muchos perjuicios instalados sobre los adultos mayores.

Son falaces ya que existen personas de 70, 80 o 90 que son mucho más vitales que algunos de los que supuestamente son jóvenes.

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