Coronavirus: Una tragedia humanitaria se cierne sobre Estados Unidos


Luego de subestimar la pandemia ahora la Casa Blanca espera entre 100 mil y 240 mil muertes “si se cumplen las restricciones”. Dentro de Estados Unidos la ciudad de Nueva York es el epicentro de la enfermedad. Ya hay más de 4 mil muertos y cerca de 200 mil contagios confirmados.

Por Dr. Daniel Cassola

Bastaría con seguir las declaraciones del gobierno encabezado por Donald Trump para identificar una de las razones que llevó a Estados Unidos a ser hoy el país con más casos confirmados de coronavirus. Hubo una total subestimación del problema que puso al país al borde de una tragedia humanitaria sin precedentes en la historia norteamericana.

Ayer, Trump, en una conferencia de prensa que seguramente será recordada por muchos años, sostuvo que se aproximan “dos semanas muy duras, muy dolorosas”. El presidente estuvo ladeado por sus principales asesores en esta pandemia. Se trata de los médicos especialistas en infectología Anthony Fauci y Deborah Birx, quienes calculan dos escenarios para el corto plazo. En uno “optimista” las muertes por coronavirus superarían los 100 mil casos y podrían alcanzar los 240 mil. Si no se cumplen las recomendaciones de aislamiento social y prevención se podrían esperar entre 1,5 y 2,2 millones de muertes, aseguraron.

Una interpretación posible es que Trump esté, como se dice comúnmente, abriendo el paraguas. Luego de presentar posibilidades catastróficas un escenario muy malo puede ser considerado un logro. O sea, si hoy dicen que podrían morir entre 100 mil y 2,2 millones de personas y finalmente el número de víctimas llega “solo” a 50 mil, por poner un caso, se podría presentar como una victoria a lo que en verdad constituye una tragedia.

La otra posibilidad es que sea una muestra de la verborragia sin filtro de la administración estadounidense. A través de las declaraciones de Trump se puede seguir un racconto de cómo el manejo de la pandemia en Estados Unidos va camino al desastre. Luego de confirmarse el primer caso, el 22 de enero, el presidente dijo: “Lo tenemos totalmente bajo control”. El 10 de febrero, con 11 casos confirmados, la frase fue “se irá en abril con la llegada del calor”. El 26 de febrero Trump anunció al mundo que “Estados Unidos desarrollará rápidamente una vacuna”. El infectólogo Fauci confirmó luego que, en el mejor de los casos, se tardará un año. El 25 de marzo, tras emitir una recomendación de confinamiento voluntario para todo el país, dijo que le gustaría “que el país abriera con fuerza para Semana Santa”. Cinco días más tarde, el 30 de marzo, extendió el confinamiento por un mes y sostuvo que “estaremos en el camino de la recuperación para junio”. No parecería ser, a raíz de sus declaraciones, alguien que está ejerciendo un control cabal sobre la situación que le toca comandar.

Un problema adicional para Estados Unidos es su sistema federal, por lo que el presidente sugiere el confinamiento pero queda en cada uno de los 50 estados la aplicación. Florida, por ejemplo, tomó hoy la decisión de dictar una cuarentena obligatoria. California, más temprano, y Nueva York después, también tomaron medidas drásticas.

Lo que resta por saber es cómo enfrentará el sistema sanitario del país la gran cantidad de enfermos. ¿Quizás a la falta de cobertura que muchos potencialmente enfermos de coronavirus se le podrá atribuir la gran mortalidad que se espera? ¿Cambiará la histórica postura de Estados Unidos con respecto a la salud pública luego de la pandemia? ¿Le costará esta crisis la reelección a Trump en las elecciones de noviembre próximo?

El caso de Estados Unidos abre muchas preguntas. Las respuestas por ahora apenas se pueden esbozar. Todo indica que faltan los peores días, y ya no las respuestas sino las preguntas pueden ser otras.

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