Con la vacuna no alcanza para prevenir la segunda ola de contagios

Autoridades sanitarias y especialistas de distinto signo político temen que el relajamiento actual y el del verano creen un rebrote como el que sucede ahora en Europa. Si la vacunación es exitosa, lo cual es complejo y requiere de mucho trabajo, no va a ser suficiente para evitar una segunda ola de casos cuando vuelva el clima frío.

Por Nicolás Bianchi

Al no ser necesario un permiso para desplazarse la circulación en el AMBA aumentó en un 6 por ciento durante la última semana. No es todo como antes de la pandemia pero tampoco ya hay restricciones como durante los meses duros de la cuarentena. Por trabajo o por esparcimiento hay más motivos por los que la población comenzó a moverse. Los colectivos funcionan prácticamente con normalidad, y ya admiten el viaje de pasajeros parados. Los subtes continúan con un servicio restringido, con muchas estaciones cerradas, lo que seguramente desalienta su uso. La novedad de la semana pasada fue que más usuarios comenzaron a viajar en tren.

La sensación general es que hay un relajamiento. La preocupación hacia adelante es que se caiga en el descuido ante el aumento del calor, la llegada de los festejos de fin de año y luego las vacaciones. “La gente se está relajando. Este proceso que duró más de ocho meses, ha llevado a un agotamiento importante. Hay que analizar estos comportamientos y ver si se convierten en tendencia”, explicó Roberto Chuit, director del Instituto de Investigaciones Epidemiológicas.

La estrategia del gobierno parece tener una sola carta. Se juega el todo por todo a la vacunación, con el proyecto que salga primero, con el que se pueda comprar y distribuir. Todavía resta que las vacunas sean aprobadas por la Anmat, aunque ya se habrían iniciado los trámites, mientras que el ministro de Salud Ginés González García trabaja para organizar la distribución y los operativos en las 24 provincias.

Pero incluso el mismo Ginés desconfía que con la vacuna, si concluyen con éxito las pruebas, si se aprueban luego, si se distribuyen correctamente y, por último, si después se pueden aplicar masivamente, sea suficiente. “Le tengo mucho miedo al verano, hay mucha gente que está pensando el verano como si fuera normal, no me gusta atemorizar a nadie pero cuidado que todo va a haber que hacerse con muchísimo cuidado, porque el riesgo existe, menos que hace un tiempo pero existe. Y hasta que no tengamos la vacuna, y una buena cantidad de gente vacunada, el riesgo va a seguir”, sostuvo el ministro en una entrevista televisiva la semana pasada.

En el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires comparten las inquietudes generales sobre el relajamiento y, por ahora, alientan a que todo lo que sea posible se haga al aire libre, para evitar los contactos estrechos en lugares cerrados. Seguramente todos temen que con las fiestas a la vuelta de la esquina, ya que faltan solo cinco semanas, los cuidados se desmadren. Uno de los asesores infectólogos sostuvo que hay que evitar que el verano “sea una hipoteca que se empiece a pagar en el otoño”, y advirtió que hoy se está testeando poco.

La idea general es que con la vacuna sola no va a alcanzar, ni siquiera en el mejor de los escenarios. Pensar que la vacunación es una solución mágica es un error. Primero resta que se termine la fase de investigación, luego que se apruebe, más tarde que esté disponible para la compra, y luego hay que montar el operativo de vacunación más grande de la historia. Puede haber complicaciones, demoras e imprevistos. Incluso haciendo todo bien cuando el otoño inicie solo estará vacunado un porcentaje minoritario de la población. Para evitar la segunda ola no hay que descuidarse ni caer en la tentación de pensar que todo volvió a la normalidad antes de tiempo.

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