Argentina y Suecia, la diferencia entre la civilización y la barbarie

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Por Dr. Daniel Cassola

La semana pasada reasumió en su cargo el intendente de la localidad de Arroyo del Medio, provincia de Misiones, Cristóbal Barboza, luego de haber sido responsable de la muerte de una persona mientras conducía en estado de ebriedad. El hecho provocó un considerable revuelo en el pueblo, y el funcionario fue momentáneamente suspendido, pero luego los legisladores del municipio lo restituyeron en su cargo.

Como es de esperar, los familiares de la víctima, Mario Andersson de profesión remisero, se movilizaron para intentar impedir que Barboza continúe en funciones. Finalmente, el poder ejecutivo de la provincia decidió remover al intendente y, por el momento, designó a un interventor para que gestione al municipio. Desde el entorno de Barboza confirmaron que el por ahora ex intendente piensa resistir y hacer todo lo posible para recuperar su cargo.

Quizás esta historia ya no sorprenda a nadie. Sobre todo en una localidad pequeña, el intendente debería ser un ejemplo para la comunidad. Provocar la muerte de una persona en un accidente de tránsito en estado de ebriedad es un hecho gravísimo, que denota una alta cuota de irresponsabilidad, incompatible con la función de intendente.

En este sentido, la asociación civil Luchemos por la Vida, propone comparar el caso del intendente misionero con otro sucedido recientemente en Suecia. La semana pasada el primer ministro Stefan Lofven aceptó la renuncia de la ministra de Educación Aida Hadzialic, quien en un control de alcoholemia arrojó el resultado de 0,2 gr/l de alcohol en sangre. Hadzialic sostuvo que había ido a una fiesta y había bebido una copa, lo cual consideró “el peor error de su vida”.

Para tomar comparación, en Argentina el límite permitido para conductores particulares (lo que sería el caso del intendente) es de 0,5. En Suecia hay una política de tolerancia cero, el límite es de cero, y la ya ex funcionaria incluso debe afrontar un proceso judicial que podría condenarla hasta a seis meses de prisión.

Luego del accidente, el control de Barboza deparó un nivel de alcohol en sangre de 2,14, más de diez veces más de lo que había bebido la ministra sueca. En un caso se produjo la muerte de una persona, a pesar de lo cual se intenta resistir en un cargo público con uñas y dientes. En el otro no se produjo ningún daño humano ni material, pero al infringir una norma se admite el error y se renuncia.

Una diferencia sideral. Según Luchemos por la Vida, las víctimas por accidentes de tránsito en Suecia son 259 por año y están en franco descenso, mientras que en Argentina el último registro es de más de 7400, una cifra que no baja desde hace años.

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