Antibióticos: ganar la carrera contra las bacterias es responsabilidad de todos

Por Dr. Daniel Cassola

En la semana que transcurre el Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires impulsa una campaña de concientización sobre el uso del antibiótico. La idea es sensibilizar y concientizar a la población en general sobre el uso racional y responsable de los antibióticos.

Según consideran en la cartera sanitaria porteña la problemática es compleja porque involucra a muchos actores: el profesional que indica el antibiótico, el farmacéutico que lo vende sin receta, el paciente que se automedica o que toma los remedios inadecuadamente.

Los antibióticos sólo hay que tomarlos cuando lo indica un profesional de la salud, recomiendan, en dosis adecuada y por el tiempo indicado. No tiene ninguna utilidad para tratar síntomas que se puede asociar comúnmente con los antibióticos. Por ejemplo, la fiebre, los resfríos, el catarro o el dolor de garganta no precisan antibióticos. Si se usan mal, dejarán de servir.

El objetivo de un antibiótico es detener la actividad de las bacterias. Hay dos tipos principales. Están aquellos que están hechos en base a productos naturales. El más conocido es la penicilina, cuyo origen son los hongos que la fabrican para protegerse del ataque bacteriano. Por otro lado, se han desarrollado antibióticos diseñados íntegramente en laboratorios.

Mediante distintos mecanismos los antibióticos atacan a las bacterias. Les impiden su reproducción, les rompen las paredes de sus células o les dificultan la producción de proteínas para alimentarse.

Ahora bien, las bacterias tienen distintas formas de adaptarse y de sobrevivir a los antibióticos. Una vez que una bacteria desarrolla una forma efectiva de sobrevivir al antibacteriano transmite esa información a su descendencia. Se crea así una nueva bacteria, más resistente.

Si se nos permite la metáfora lo que se podría plantear es que hay una suerte de guerra entre nosotros y las bacterias. Por un lado tenemos a la ciencia que nos provee de mejores antibióticos. Pero también todos podemos contribuir a que las bacterias no se vuelvan más resistentes.

Para eso hay que ser un buen paciente. En primer lugar, para frenar la resistencia a los medicamentos es importante no utilizar antibióticos en exceso. Nunca debemos auto indicarnos ningún medicamento, pero menos que nunca un antibiótico. Los profesionales también deben hacer su parte del trabajo, los médicos no indicando el medicamento cuando no es necesario y los farmacéuticos no vendiéndolo si el paciente no porta una receta.

Además es fundamental completar los tratamientos que nos indican. Por más que los síntomas desaparezcan y nos sintamos mejor debemos completar el proceso. La consigna es ganar la carrera contra las bacterias.

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