AMIA, una herida abierta 25 años después

Por Dr. Daniel Cassola

La muerte no tiene reparación posible. Es irreversible. Lo que puede cambiar es como uno se siente con respecto a la muerte de alguien querido. De por si morir en un acto terrorista es una injusticia gigante. Nadie tiene la culpa de ser lo que los terroristas pueden considerar como enemigos.

El único aliciente que puede tener una muerte en un acto terrorista es la justicia. Que se esclarezcan los hechos, que se determinen los autores y las responsabilidades. Nada de eso sucedió aún con el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) ocurrido el 18 de julio de 1994, hace 25 años.

Aquel día explotó una bomba a las 9:53 de la mañana en la sede de Pasteur 633. La hipótesis más difundida es que se trató de un coche bomba. El atentado habría estado planificado por elementos del grupo terrorista iraní Hezbollah. Murieron 85 personas y más de 300 resultaron heridas.

Siete años después del estallido se llevó adelante el primer juicio que solo sirvió para revelar que el Poder Ejecutivo Nacional, la Policía Federal, la SIDE, el Poder Judicial y dirigentes de la asociación judía DAIA habían realizado maniobras para encubrir lo sucedido.

La causa judicial AMIA quizás sea la más turbia y controvertida de la historia argentina. Tuvo como acusados de encubrimiento a medio gobierno presidido por Carlos Menem, a fiscales, jueces, policías, espías y dirigentes de la sociedad civil.

Desde entonces hasta la también controvertida muerte del fiscal Alberto Nisman, encargado de la Unidad Especial de la Justicia para investigar el caso, y las denuncias, nuevamente, por encubrimiento contra el actual ministro de Justicia Germán Garavano por supuestamente impedir que esa unidad desarrolle su actividad en el juicio conocido como AMIA 2, iniciado en 2015.

Quizás en la causa estén concentrados, a modo de muestra, todos los problemas que atraviesan al país en materia de política, justicia, seguridad y espionaje. Ya la noción de justicia que puede tener un familiar o alguien que ese día perdió a un ser querido se difuminó.

En concreto, quienes fueron condenados son Carlos Telleldín, el vendedor de autos usados que habría sido la “conexión local” de los terroristas y quien proveyó el vehículo en el que se hizo el atentado y el ex juez Juan José Galeano, destituido en 2005 y condenado en febrero de este año a cumplir seis años y medio de prisión por encubrimiento.

Muy poco para tanto tiempo, para tanto sufrimiento, para tanta injusticia.

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