Amenaza para la salud mundial: Las bacterias, hongos y parásitos se fortalecen


Por Dr. Daniel Cassola

Cada año, unas 700.000 personas mueren porque los tratamientos médicos resultan insuficientes para atacar y matar a las bacterias, hongos o parásitos que las enfermaron. De ellas, 23.000 son por una tuberculosis cuya bacteria se volvió más fuerte que cualquier fármaco existente.

El escenario se vuelve más complicado porque no hay nuevos medicamentos que luchen contra estos microorganismos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que si los países no actúan, la resistencia a los medicamentos matará a 10 millones de personas antes de 2050.

La advertencia se hizo a través de un reporte elaborado por la Grupo Coordinador Interagencial en Resistencia Antimicrobiana (IACG, por sus siglas en inglés), agrupación adscrita a la OMS que fue formada en 2016 para realizar una investigación de cómo está la situación y generar un plan de acción para evitar un impacto mayor.

 “Se han comunicado niveles alarmantes de resistencia en países de todos los niveles de ingresos, lo que hace que enfermedades comunes se estén volviendo intratables y que procedimientos médicos que salvan vidas conlleven mayores riesgos”, cita el documento.

Los impactos económicos también son fuertes. La OMS calcula que si no se actúa con prontitud, la resistencia a los medicamentos llevaría a la pobreza extrema a 24 millones de personas antes de 2030.

 “El daño económico causado por la resistencia no controlada a los antimicrobianos podría ser comparable al de la crisis financiera mundial de 2008-2009, debido al aumento espectacular de los gastos en atención sanitaria, al impacto en la producción de alimentos, el comercio y los medios de vida, y al aumento de la pobreza y la desigualdad”, destacó el informe.

La IACG asegura que aún se está a tiempo para evitar que el problema se vuelva peor. En este sentido, elaboró recomendaciones en cinco áreas. La primera está en hacer un llamado a los países para que garanticen un acceso equitativo y asequible a los antimicrobianos de calidad garantizada, así como vacunas y pruebas diagnósticas. En este apartado se pide también velar por el uso prudente y responsable de estas sustancias, no solo en tratamientos humanos, también en animales y plantas.

La segunda recomendación está en incentivar la investigación biomédica para conseguir nuevos antimicrobianos (especialmente antibióticos, pues la crisis en esta rama es mayor que en antifúngicos o antiparasitarios). En este sentido, también pide a las organizaciones filantrópicas destinar fondos para apoyar estas iniciativas.

La tercera parte del plan de acción es pedirle a la sociedad civil su involucramiento. Se les pide hacer su tarea: no tomar estos tratamientos si no los receta un profesional, si es así finalizar el tratamiento, no “jugar de médico” y no recomendarle o recetarle a alguien tomar el medicamento y no desechar sobrantes en inodoros, desagües o basureros.

El cuarto punto es que los países tengan un sistema de monitoreo riguroso en el que se midan los casos de resistencia a medicamentos y establecer planes de acción para quienes presentan resistencia a más de una posibilidad de tratamiento.

Finalmente, la quinta estrategia consiste en la colaboración internacional, en que los países se apoyen con los diferentes conocimientos y se reporte si hay resistencias sistemáticas a determinado fármaco para buscar soluciones en conjunto.

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